Princesa sin cuento

 ¡Querido amigo!

Soy esencia  femenina contenida en un torso masculino por virtud, por desgracia o por castigo por eso lo desvelo para ti, ¡querido amigo!

He cargado esta cruz desde muy niño, en mis finos modales lo notaste sin ninguna piedad me despreciaste y te reíste de mí ¡querido amigo!

Mi pecado al mundo pusiste por testigo, a  los cuatro vientos con orgullo lo gritaste dejándome mal herido en el desastre, destrozado lloré ¡querido amigo! “¿No te gustan las mujeres?” me reprochaste en un insulto.

Con tus grandes amigos te burlaste, la mirada bajé para ignorarte, no por temor; por educación ¡querido amigo!

Para juzgarme ¿quién te ha dado a ti el derecho? Prepotente, mal educado y necio. Mira por dentro, primero tu pecado, humilde aceptaré tu desprecio ¡querido amigo!

¿Por qué  ya no ríes cuando paso por tu lado?  ¿Acaso temes que yo sepa tu secreto? No eres digno tan siquiera de un mal gesto.

Yo no soy como tú ¡querido amigo!

Cuando baje a la Tierra el Dios del cielo cortará tu arrogancia con rasero,  a los dos nos juzgará por parejo.  Él sí tiene el poder  ¡querido amigo!

Te jactabas de decir que amabas las mujeres sin reparo, ¿Cuál de los dos se llevará la peor parte en el rasero?

Tú que las maltratabas, las injurias y profanas con dinero su santuario o  yo que las amo, las admiro y las respeto tanto ¡querido amigo!

Con  insultos marcaste mi destino, ni mis lágrimas lograron aplacarte. En cambio yo he conseguido perdonarte, en mis plegarias oro por ti ¡querido amigo!.

Andres

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