IMPRENTAS CON WIFI Y MURALLAS RODEADAS DE GRAFFITIS
El jueves 30 de marzo los alumnos de 2º de bachillerato humanístico, recorrimos las calles de Barcelona, mientras imaginábamos cómo Cervantes había pisado ese asfalto que era tierra y entrado en esos patios y palacetes, que servían de hogar y no de lugar turístico.
La única premisa que teníamos al salir del autobús era que haríamos una parte de la Ruta del Quijote y que no la haríamos solos, ya que nuestros compañeros humanistas de 1º de bachillerato nos ayudarían a descubrir los lugares que el año pasado habíamos visto escritos en las páginas de “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”. Aunque algunos de nuestros guías estaban un poco nerviosos, fueron los mejores que podríamos haber tenido, nuestros compañeros de 1º, cargados con algunos de sus apuntes, nos explicaban las historias que relacionaban esos lugares con el mayor y más importante libro escrito en la historia de la literatura castellana. Habían estado semanas preparando las exposiciones por parejas y los oyentes, al escuchar sus explicaciones nos sentíamos como unos niños pequeños ante su primer maestro, sorprendidos a la vez que ansiosos por saber más. Cabe decir, que nosotros, los de 2º, ya teníamos un poco olvidadas las historias de Don Quijote de la Mancha y nuestros “guías y maestros” por un día nos refrescaron la memoria de una forma más que efectiva.
Recorrimos el Barrio Gótico, con dolor en la nuca de mirar tantas fachadas y balcones de antiguos palacetes, entramos en La Catedral de Barcelona y vimos al cristo de Lepanto, con sus piernas torcidas, mientras quedamos cautivados por la inmensidad del lugar, tan lleno de historia y, a la vez, de turistas. El mar nos esperaba y de camino, visitamos la Imprenta Cormellas, posible lugar donde Don Quijote en la segunda parte se encuentra con un editor con quien comenta la edición del Quijote apócrifo y que, curiosamente, ahora sus bajos son ocupados por una tienda de bisutería llamada Dulcinea, demostrando que la historia prevalece en la modernidad. También nos perdimos, literalmente, en la Calle Cervantes, y allí entre los ruidosos coches y guías con filas de turistas, nos vimos obligados a plantearnos el paso del tiempo y los recuerdos físicos que nos quedan de los hechos acontecidos en esos lugares. La Calle Cervantes, ahora, está llena de Graffitis que llenan las paredes de sus calles de color, pero lo que la gente que las pinta no sabe, es que es la historia que contienen y no el color lo que las hace brillar. Recorriendo estrechas calles y entrando en múltiples patios de palacetes, llegamos al puerto, dando por finalizada nuestra pequeña escapada al pasado. Barcelona nos sirvió de máquina del tiempo y herramienta de imaginación por unas horas, haciendo de una simple excursión una gran experiencia.
La excursión fue muy interesante y provechosa, los alumnos de segundo disfrutamos de las historias que los de primero nos contaban y de los preciosos lugares por los que nos escurrimos como pequeñas lagartijas. Cabe decir que estamos muy agradecidos por el excelente trabajo realizado por los humanísticos de primero de bachillerato que demostraron ser unos grandes humanistas y literatos. ¡Muchísimas gracias y larga vida a las letras, compañeros!





