La Escola Sagarra de Gràcia ha pasado en una década de ser un centro segregado a recibir el Premi Ciutat de Barcelona por su proyecto artístico
En esta escuela el arte no es una materia aislada, sino que se trabaja en todas las disciplinas, de las ciencias al inglés

La escuela Sagarra ha pasado en poco más de una década de ser un centro poco demandado por el vecindario de Gràcia, distrito en el que se ubica, a hacerse este febrero con el Premi Ciutat de Barcelona en la categoría de Cultura i Educació por su potente proyecto artístico (gracias al empeño y dedicación de su comprometido claustro). Pero el característico trofeo con la ‘B’ de Barcelona que exhiben en la entrada para que lo vea y se lo sienta suyo toda la comunidad educativa no es ni de lejos de lo que Maria Pujol, directora de la escuela, está más orgullosa. “Ahora somos una escuela más del barrio, nuestro alumnado es diverso y refleja la realidad de nuestro entorno. Hemos logrado revertir la segregación escolar“, apunta satisfecha.
Sentada a su lado, Núria Torres, la jefa de estudios, sonríe y asiente, igual que Maite Asens, la secretaria docente y “comisaria” del centro, quien hace de enlace entre el claustro y el departamento de educación del Macba, que les asesora y ayuda a montar las instalaciones, decidir cómo exponer…
Relación duradera
Empezaron a recorrer este camino en 2012, cuando se les propuso participar en el programa Magnet de innovación impulsado por la Conselleria d’Educació y la Fundació Bofill, que consiste en hermanar, ‘magnetizar’, una institución de prestigio de la ciudad –en su caso el Macba– con una escuela segregada para intentar revertir la situación. El enamoramiento entre el Sagarra y el Macba fue tal que, aunque en principio el programa tiene una duración de cuatro años, su hermanamiento sigue vivo años después.
Trabajar con arte contemporáneo abre la mente y genera pensamiento crítico; hace que aprendas a escuchar lo que dice el compañero y a expresar lo que tú piensas
Núria Torres
— Jefa de estudios
Al principio se propusieron como claustro que hubiera “al menos” un proyecto por curso vehiculado a través del arte y lo lograron “con muchas reuniones de equipo y mucho asesoramiento y acompañamiento”. A partir de ahí el arte se fue colando en todas las aulas, en todas las materias.
La importancia de un claustro motivado
Maria pone en valor que todo lo conseguido ha sido posible gracias al compromiso y dedicación del claustro. “En un porcentaje muy alto, por no decir la totalidad, tenían ganas de hacer cosas”, recuerda la directora, quien reivindica también como pieza clave en todo el proceso de transformación el hecho de que una persona del departamento educativo del Macba empezara a formar parte, una vez al mes, de los claustros artísticos de la escuela.
Se trata de encuentros en los que las maestras exponen los temas que trabajarán –ya sean las plantas o el ciclo del agua…– y ella les recomienda a artistas que trabajan esos temas desde distintas perspectivas… “Eso nos ha ido muy bien. También vino un día todo el equipo de exposiciones del museo a enseñarnos otra manera de mostrar los proyectos, que es la que ahora utilizamos”, añaden, convencidas de que los contenidos curriculares son muy importantes, pero también lo es tener la capacidad de posicionarse y de expresarse, algo que, están convencidas, el arte contemporáneo les ayuda mucho a trabajar.

La jefa de estudios pone un ejemplo: si en infantil trabajan el cuerpo humano, lo vinculan con una artista que trabaje el cuerpo, como Esther Ferrer o Fina Miralles. “Trabajamos el currículo como cualquier escuela, pero el arte nos sirve para presentar el tema, desarrollarlo o cerrarlo”, señala. No tienen una asignatura de plástica, sino que el arte lo ocupa todo.
Estructurar el pensamiento
“El arte contemporáneo abre la mente y genera pensamiento crítico; escucho lo que dice mi compañero, no es lo que yo pienso, pero lo acepto, y también puedo expresar lo que yo creo”, prosigue Torres, quien añade que “comunicar el aprendizaje estructura el pensamiento”. “Antes siempre lo hacíamos oralmente, y los que se expresaban bien, fantástico, pero el arte nos ha ayudado a dar espacio a diferentes maneras de comunicar: la musical, la corporal, la plástica, la ‘performance’…”, apunta la directora, quien agrega que “ahí entra el respeto a la diversidad”.
En ese contexto, la escuela entró primero en el programa ‘Espai C’ –iniciativa que instala el taller de un artista dentro de la escuela durante un curso para que el alumnado observe de cerca el proceso de creación– y, más tarde, en el ‘Fora de Reserves’, consistente en que una obra que estaba en las reservas del MACBA sale del museo y se expone en un centro educativo.
Este es el tercer año que la escuela participa en esta iniciativa, acogiendo la obra ‘Chinkachiy’ (2019) de Alán Carrasco, artista visual cuya obra se centra en cómo se construyen los relatos oficiales, la memoria/olvido y la iconoclastia.

Alrededor de la obra, serigrafiada en una pared del centro, la escuela ha generado toda una serie de actividades desde Infantil hasta 6º de Primaria, expuesta también en sus pasillos.

