El viernes no fue un día cualquiera. Fue uno de esos días que no se tachan del calendario, sino que se graban en la piel invisible de la memoria. Tuvimos la fortuna de recibir a dos seres humanos de corazón inmenso, y su luz vino a iluminar el latido colectivo de nuestra bonita escuela: Alberto Bosquet, el estoico tatuado, escritor de once libros, y Marta Chuliá, maestra de meditación y mindfulness, autora de dos libros que respiran calma y conocimiento.
En nuestro barco nacen los sueños. Aquí las utopías no se contemplan: se trabajan hasta hacerse reales. Hacemos de los sueños realidades. Porque nuestras alas no brotan de la espalda, sino del alma; de la actitud, de la voluntad, de la resiliencia y del estoicismo que nos sostiene cuando el viento grita con fuerza y la tormenta hiere. Pero, como estoicos y valientes, estamos siempre preparados: ¿Qué puede haber más estoico que nuestro club de valientes? Tenemos una colmena. Un club que echa raíces en tierra abonada con aprendizajes donde nos enseñan a ser compasivos, buenos y empáticos así como justos.
El día fue indeleble, porque hay cosas que no se pueden borrar: quedan barnizadas en eso que no se explica, pero se siente.
Alberto y Marta quedaron profundamente conmovidos por todo lo vivido. Compartimos tertulias literarias, diálogo vivo y palabra encendida. Alberto nos regaló un cuento que formará parte de su próximo libro de relatos estoicos, y la lectura se convirtió en un puente entre almas. Fue hermoso compartir tiempo y espacio con el diálogo por bandera y la palabra como altavoz.
Marta nos abrió la puerta de la atención plena, de la presencia verdadera. Nos enseñó que la quietud lo es todo… y meditamos con ella. Una experiencia que no marchita, que ya viaja para siempre en nuestras mochilas. Porque cuando uno aprende a habitar el instante, descubre que el silencio también habla.
Por la tarde llegó otro momento sublime: les presentamos todo lo trabajado en el aula. El email, la carta, el cuento… y lo hicimos en vivo, con Canvas y PowerPoints preparados con dedicación y alma. Fue tan intenso que las lágrimas brotaron sin permiso. Y entendimos algo esencial: todo lo que lleva sal, cura. El mar, el sudor y las lágrimas. Aquello fue, sin duda, un sueño hecho realidad.
Hasta nuestro maestro Luis se quedó sin voz. Y no fue casualidad: para él también fue un día inenarrable. Nos llaman escuela mágica, escuela milagro, pero la verdad es otra: detrás hay esfuerzo, constancia y coraje. Si no puedes volar, corre. Si no puedes correr, camina. Si no puedes caminar, gatea. Pero hagas lo que hagas, sigue siempre hacia delante.
Para cerrar el día, grabamos un podcast para el programa de Alberto, El estoico tatuado. Fue tan inefable como todo lo anterior. Y como broche final, la preciosa Marta nos condujo de nuevo a la calma con una última meditación. Entre lágrimas, nos despedimos del día sabiendo algo que ya nadie podrá arrebatarnos:
LO IMPOSIBLE SOLO TARDA UN POCO MÁS. 🙏🏾




