Retorno al pasado medieval

El 11 de enero nos desplazamos hasta la Garrotxa con los alumnos de 2n de ESO para visitar el casco antiguo de la villa de Besalú. La visita formaba parte del proyecto artístico-social “¿Cómo era la vida en la Edad Media?”.

Durante el viaje a través de las comarcas del Maresme, la Selva, el Gironès, el Pla de l’Estany y la Garrotxa nos acompañó un tiempo típicamente invernal, nublado y frío, pero una vez llegamos a Besalú salió el sol a darnos la bienvenida. Nada más bajar del autobús nos encontramos de frente con el maravilloso puente medieval sobre el río Fluvià. Más tarde nos explicarían cuándo se construyó, así como algunas vicisitudes de su larga historia, pero en ese primer momento pudimos disfrutar de un lento recorrido por el mismo, parándonos a contemplar la panorámica de la villa, tomando fotos, apreciando su original estructura en ángulo, con esa torre central que da equilibrio y personalidad al conjunto.

Al poco de internarnos en el pueblo llegamos a la Plaça Major, punto de inicio del recorrido. Nos dividimos en tres grupos, uno por clase. Mientras unos pudieron disfrutar de tiempo libre otros empezaron su visita al momento. Esta se organizó básicamente en torno a dos zonas: el call o barrio judío y la iglesia del monasterio de Sant Pere.

La comunidad judía de Besalú tuvo una importante presencia en la villa desde el siglo XII (o, según otros testimonios, desde el siglo X) hasta el XV, poco antes de la orden de expulsión de los mismos de todos los territorios de la monarquía hispánica. En la pequeña explanada donde reposan los restos de lo que fue la sinagoga la guía nos hizo un excelente repaso de la historia y las condiciones de vida de la comunidad. Aprovechando las espléndidas vistas del puente nos contó cómo fue demolida su torre central, bombardeado durante la guerra civil y reconstruido en su aspecto actual en los años sesenta del pasado siglo a partir de la única ilustración antigua que quedaba del mismo. Además del templo nos enseñó el acceso a la escuela donde estudiaban -a diferencia de los cristianos- todos los niños judíos, lo que les valdría más tarde para desempeñar cargos administrativos y tareas intelectuales que en la época eran actividad en buena parte reservada a los miembros de esta comunidad. A continuación descendimos hasta la zona del mikvé o piscina para los baños rituales de purificación. Ocultos durante siglos han permanecido estos baños comparables a los mejores de Europa: en ellos los judíos “purifican” su alma de actividades o contactos impuros con el fin de estar preparados para ponerse en comunicación con su Dios. Con el paso de los años desde su establecimiento en la villa, los judíos de Besalú, como los del resto del país, fueron objeto de mayor rechazo social y de mayores restricciones legales hasta que, a principios del siglo XV, los que no optaron por bautizarse decidieron emigrar hacia otras comunidades más numerosas, primero del territorio peninsular y más tarde del extranjero.

Como se ha dicho, el segundo punto de la visita fue la iglesia del monasterio de Sant Pere. Según se nos explicó, algunos condes de Besalú habían pertenecido al clero, y por lo tanto tenían mucho interés en reforzar la presencia de la religión en su territorio, lo cual explica la abundancia de edificios religiosos en la villa. Antes de entrar en la iglesia se nos mostró el hospital de Sant Julià, antiguo albergue de peregrinos en su camino a Santiago de Compostela. Ante la sobria fachada de Sant Pere pudimos contemplar las únicas figuras, entre grotescas y terroríficas, que sobresalen de la misma, y cuyo fin era aleccionar en la moral cristiana a una población mayoritariamente analfabeta. La iglesia de Sant Pere es una verdadera maravilla del románico. Atípica por su altura y por su luminosidad, muy superiores a la de la mayoría de iglesias construidas en este estilo, tiene una estructura sumamente interesante: está rematada por un triple ábside con girola o deambulatorio que queda disimulado desde el exterior. También nos detuvimos en la contemplación de los capiteles de las columnas que separan el altar mayor del deambulatorio, toda una lección de escultura románica cuya finalidad era también la de ilustrar a los feligreses en las narraciones de los textos sagrados. La explicación que la guía hizo de esta iglesia fue una verdadera clase magistral de arte románico (y algo de gótico) que vendrá muy bien a los alumnos en su proyecto.

Acabada la visita a la iglesia nos encaminamos hacia la Plaça Major, punto de encuentro de los diferentes grupos, para iniciar el camino de retorno hasta el autocar que nos llevaría de  vuelta al instituto. En resumen, se trató de una mañana muy provechosa para hacernos una idea aproximada de cómo era la vida en la Edad Media.

Juan Carlos González (Professor de Ciències Socials _ 2n ESO)

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