La mujer que vivió un año en la cama

LA MUJER QUE VIVIÓ UN AÑO EN LA CAMA

Sue Townsend

El día en que sus hijos, unos mellizos superdotados, se marchan a la universidad, Eva cruza la puerta de su casa y se mete en la cama en pleno día. No está enferma. No está cansada. Y, desde luego, no tiene una aventura. Simplemente, ha llegado el momento de decir basta.

Esa es la sinopsis de una historia peculiar, surrealista y muy original. Una historia que lleva a sus personajes al límite para hacer una crítica social que hace reflexionar sobre cuestiones referentes a la familia o el amor.
Eva es una ama de casa que se dedica a hacer felices a todos menos a ella misma. Es la mujer perfecta, la madre perfecta, la vecina perfecta, la que prepara las Navidades perfectas, la que lava la ropa, cocina, mantiene la casa limpia… ¿Pero qué pasa cuando una persona deja de ser lo que los otros quieren que sea?
El día en que sus hijos se van a la universidad Eva se mete en la cama. No saldrá de esta cama en un año.  No está ni enferma, ni loca, ni tiene el síndrome del nido vacío. Simplemente se mete en la cama para pensar y para decir “basta”. La familia no comprende su decisión y es tratada de loca. Su marido se ve obligado a llevar la casa y a comprender lo que implica…o no.
En ese libro se plantea una buena idea: la de una mujer con una vida en la que no se reconoce que decide meterse en la cama y aislarse del mundo. El problema es que esa idea se pierde, desaparece en la historia. Es entonces cuando la novela se convierte en una crítica de nuestra sociedad con situaciones absurdas y personajes al límite que son a veces muy poco creíbles.
Muchos de los personajes que aparecen son bastante egoístas. Creo que uno de los objetivos de la autora al escribir este libro era mostrarnos hasta qué punto podemos ser egoístas. Eso hace que a veces la novela nos irrite porque los personajes están hechos para odiarlos; es como si se empeñaran en mostrar siempre sus peores defectos. Hay personajes como los gemelos superdotados, el marido infiel o la compañera de residencia que son tan irritantes e incomprensibles que rozan el límite de lo creíble. Como ejemplo concreto pondremos a Eva, una mujer al límite que se mete en la cama para decir “basta”; puedo entender las razones por las que decide quedarse en la cama, pero en ningún caso las puedo compartir ni justificar. Creo que postrarse en la cama no ayuda a solucionar ningún problema, por grave que ese sea.

Por el contrario, podemos encontrar personajes muy secundarios que están muy bien hechos y que despiertan tu simpatía en seguida. Estos son ,por ejemplo, el entrañable limpiador de ventanas o el elegante vecino.
Esta historia es en realidad un drama disfrazado de comedia, es narrada con un humor agridulce y esta llena de situaciones muy tristes. El libro nos enseña una realidad terrible pero le pone la máscara del humor. Lo resume muy bien la frase de la portada: reí hasta que lloré. Es verdad que las disparatadas situaciones que te encuentras en un principio hacen reír, pero las sonrisas desaparecen cuando descubres que es lo que de verdad te esta intentando decir.
En conclusión, es un libro que sabe entretenernos sin caer en la monotonía conteniendo también una importante crítica social. Advierto, pero, que no encontrareis personajes con los que podáis empatizar, muchas veces os llegarán a irritar sus actitudes egoístas.

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