Desde hace cuatro cursos nuestro centro educativo realiza, anualmente, el proyecto Five days to dance con alumnado de 3r curso de Educación Secundaria Obligatoria (13-14 años). Personalmente, he acumulado suficiente experiencia en gestión, desarrollo y valoración final del proyecto que me ha dotado de una visión global sobre el mismo dentro del marco escolar.

Considero Five days to dance una acción pedagógica de impacto. Durante cinco días los jóvenes cambian totalmente su vida en el colegio: dejan las aulas para centrarse en la creación de una coreografía de danza-teatro. Se convierten en protagonistas absolutos de un relato cuyo lenguaje es totalmente nuevo para la mayoría de ellos no sólo porque no han tenido ninguna experiencia con la danza, sino también porque no han tenido ninguna experiencia con la capacidad de expresar sentimientos y pensamientos a través del cuerpo. Para los estudiantes su propio cuerpo les es extraño, les avergüenza y veneran a partes iguales, desconocen su potencial expresivo y casi podríamos decir que viven disociados del cuerpo mismo.

Sin más, les pedimos que pongan su cuerpo en acción, que aprendan el concepto de concentración y fomenten su capacidad de creación artística. Todo el proceso creativo implica una reflexión de fondo: la realidad de los niños esclavos, la problemática de los desplazados, la obra de Max Bekmann. El resultado es el trabajo en valores profundos ligados a problemáticas existentes en el mundo contemporáneo que llaman a la reflexión y al diálogo.
Los resultados obtenidos cada año no dejan de sorprendernos.
En un principio, los estudiantes recelan del proyecto, lo ven como algo externo a ellos, otra imposición escolar. Poco a poco y con un esfuerzo enorme por parte de los bailarines-educadores, los jóvenes empiezan a sentirse responsables del grupo, asumen retos diversos, se desprenden de las vergüenzas típicas de la edad. Se consigue modificar roles adquiridos en clase: los mejores estudiantes no siempre resultan los más implicados, alumnos que presentan problemas conductuales de forma habitual se ven protagonistas de algo importante y modifican su actitud. Estos cambios se hacen evidentes para el profesorado de forma inmediata.

Más allá de los resultados de Five days to dance en el marco de la danza como pedagogía de aprendizaje para trabajar valores humanos y escolares -como la cohesión de grupo, los roles en el aula, la creatividad, el trabajo en equipo y valores asociados que aporta el proyecto- creo que puedo definir aquello que considero la esencia de Five days to dance.
Los valores citados pueden ser cuantificables en el marco de un seguimiento escolar del proyecto, pero lo que aporta de verdad a nuestro centro educativo nunca podré analizarlo ni cuantificarlo con datos estadísticos.
Five days to dance abre la puerta a nuestros jóvenes a su yo más íntimo, aquella parte del corazón que nos cuesta abrir a los demás y que, a menudo, necesita de otros caminos para expresarse que no sea la palabra.
La danza se convierte en la guía que prepara al cuerpo para que el espíritu se pueda expresar a través de él.
He visto como nuestros jóvenes brillaban en el escenario con un arma muy poderosa, su persona en primer plano, dando todo lo que son con sus alegrías y sus tristezas, con sus angustias y sus miedos. La fuerza de la danza modifica su visión de quiénes son y de lo que les rodea.
La fuerza que nace de la esencia de la persona, la experiencia que comparten en el escenario con sus compañeros les lleva a transcender, por unos instantes, de lo que creen que son para descubrir quienes son de verdad. Abandonar la careta que nos impone el rol en el grupo, en la familia, en la sociedad y brillar como seres humanos. Se impone la vida en estado puro.
En las escuelas, dedicamos muchas horas a intentar acceder al corazón de la persona. Buscamos que a través del aprendizaje, de la lectura, del trabajo, se forjen personas implicadas en sociedad, cultas y lectoras, críticas y reflexivas. Five days to dance consigue en muy breve tiempo desmontar el armazón del cuerpo para entrar a buscar su esencia: bailar en un escenario no da juego a ambigüedades, o estás o no estás, de ti dependen tus compañeros y un espectáculo. El proyecto hace una llamada directa al individuo, se dirige a él y éste no puede esconderse detrás de un pupitre. No todos los estudiantes aceptan el reto. Algunos deciden convertirse en espectadores, no se sienten preparados para una interpelación tan fuerte. No obstante, la gran mayoría consigue poner en jaque las dudas propias de la adolescencia. En pocos días se toman decisiones, el estudiante se transforma en artista y tiene que dar respuestas.
La pedagogía está clara: se acompaña a la persona en el descubrimiento de sus potencialidades, en el tránsito por la adolescencia hacia la definición del Yo.
Five days to dance es un proyecto totalmente armonizado con el principio educativo fundamental en nuestra escuela: educar en el Aprender a Ser como principio y misión de todo nuestro equipo de educadores.
Por Mercedes Rom Rodríguez, directora del Institut Jaume Mimó, centro de secundaria, bachillerato y formación profesional de Cerdanyola del Vallès (Barcelona).
Cerdanyola del Vallès 22 de abril 2018


