El alumnado ganador del IV Concurso de Microrrelatos de Terror recoge los premios

Vuelve, en su cuarta escalofriante edición, el Concurso de Microrrelatos de Terror del Departamento de Lengua Castellana y Literatura de nuestro instituto. Justo en estas fechas donde se dan cita la tradición de Todos los Santos y la Castanyada con el influjo de Halloween y la Fiesta de los Muertos mexicana, hemos retado al alumnado de ESO y Bachillerato a que libere sus dotes narrativas más oscuras.

El desafío era escribir un relato de miedo o tensión de un máximo de 150 palabras.

El objetivo es claro: crear la máxima tensión posible en el mínimo espacio.

¡Han exprimido su talento, han puesto nuestros pelos de punta y nos han dejado absolutamente aterrorizados… y fascinados con sus historias!

He aquí el palmarés de esta edición:

  • 1ª categoría (1º y 2º de ESO): Ivo Eladio Poveda do Amparo (2n ESO B): «Los ojos que no miraban»
  • 2ª categoría (3º y 4º de ESO): Marta Abreu López (3r ESO C): «Condena entre murmullos»
  • 3ª categoría (1º y 2º de Bachillerato): Verònica Margalef Iasyrkina (2n BAT A): «El cierre del telón»

José Antonio González, profesor y jefe del Departamento de Lengua Castellana y Literatura del Institut Ramon Berenguer IV (Cambrils)

_

1ª categoría (1º y 2º de ESO): Ivo Eladio Poveda do Amparo (2n ESO B)

«LOS OJOS QUE NO MIRABAN»

Esa noche fría de octubre, ese señor colgó a sus dos hijas del balcón, sin miedo alguno, ni precaución, él, solo quería vengarse de esas miradas que no le dejaban dormir en paz, solo quería deshacerse de aquellos ojos.

Cuando llegó la policía, se preguntó si eran verdaderas, al ser tan diabólicas y perturbantes, pensaron que era una simple decoración de Halloween.

Aquel hombre escuchaba voces provenientes del espejo, voces que aullaban con tristeza y dolor.

Cada noche, el reflejo de ese espejo desprendía gritos desesperados y ahogados que querían escapar. Esos llantos desgarradores eran reconocibles.

La madrugada del día siguiente, al despertar, el señor miró por la ventana y consiguió distinguir dos sombras en la calle que se acercaban pausadamente a él, esas niñas le observaban sin mirar, eran demasiadas las ganas que tenía de gritar, pero no pudo, algo se lo impidió.

Entonces, comprendió que el verdadero terror no estaba fuera, sino dentro de él mismo, y que ese miedo sería su condena para siempre.

_

2ª categoría (3º y 4º de ESO): Marta Abreu López (3r ESO C)

«CONDENA ENTRE MURMULLOS»

Pensé que el silencio significaría libertad.

CRH, una tecnología que permitía controlar el ruido humano. Sonaba imposible, no era un objeto, tan solo estaba ahí. Su primer defecto: no se podía silenciar, solo bajar el volumen a otros.

Los días transcurrían y todos resultaban fascinados. Yo, en cambio, estaba desquiciado. Cada vez fallaba más el sistema, aunque al parecer solo para mí. Le bajé el volumen a un par de compañeros, mas mi decisión resultó irreversible. El número de personas difuminadas bajo mi percepción aumentaba rápidamente. Mi mundo se volvió un murmullo constante.

Era incapaz de entender o formular una sola frase coherente. Intenté gritar, pero apenas salió un susurro. Mi voz parecía mezclarse con las demás, desintegrando el sentido de cada «ayuda» que intenté pronunciar. Por un instante dudé si seguía ahí o si, en definitiva, me había vuelto un mero eco. El mundo ya no era mío, apenas un vago reflejo de lo que entendía.

_

3ª categoría (1º y 2º de Bachillerato): Verònica Margalef Iasyrkina (2n BAT A)

«EL CIERRE DEL TELÓN»

Llevo días soñando que me persiguen. Me levanto cada mañana con la frente sudada, las manos temblando. El sueño cambia, pero la sensación de angustia es la misma. Un día es un monstruo hambriento. Otro, una sombra con un cuchillo afilado. A veces, una fuerza incontrolable: un huracán, llamas insaciables o tormentas enfurecidas.

Aunque el perseguidor cambia, la víctima siempre soy yo.

Yo, corriendo por un bosque nevado.

Yo, escapando de las llamaradas.

Yo, nadando entre el oleaje.

El aire me atrapa, el océano me golpea, la tierra cruje bajo mis pies cansados. Como la criatura que siguió a Víctor Frankenstein por los Alpes, persiste. Esa mano está a punto de alcanzarme. El fuego casi roza mi piel. Estoy dando un último suspiro. Y solo entonces, me levanto con las sábanas entrelazadas a mis pies.

Otra vez el telón se ha cerrado sin que la obra haya terminado. Es el final de la función, y todo esto ha sido obra mía.

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *

XHTML: Trieu una d'aquestes etiquetes <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>