¡Cómo nos gustan las celebraciones, nos apuntamos a todas las que podemos! Así que no es que hayamos sucumbido también a la moda extranjerizante apuntándonos a la fiesta de Halloween acríticamente, es que nos gustan las fiestas. Por eso hemos celebrado ese día con un concurso de microrrelatos de terror enlazándolo con el día de difuntos y la fiesta de los muertos en México.

Ciento cincuenta palabras parece que no dan para mucho, pero atreveos y leed alguno de los relatos que nos proponen los ganadores:
“Mi peor pesadilla” Ana Jiménez de 1.º ESO D
La fiesta se acabó, la vuelta a casa es larga, unos tres kilómetros aproximadamente. Miro mi teléfono, al ver la hora… ¡No me lo puedo creer! Es muy tarde. Mientras camino, escucho un ruido proveniente de un coche y me asusto.
Me acerco a una fuente a beber agua y de repente… ¡Paf! Veo un árbol caer cerca de mí. Noto cómo me mareo y al recuperarme observo que estoy rodeado por grandes cipreses, ¡estoy en un cementerio!
Me despierto al amanecer, perdida, miro a mi alrededor, estoy estirada en el suelo con manchas de sangre y noto que me voy consumiendo como la llama de una vela. Me doy cuenta de que no siento frío, ni calor, tampoco dolor.
Entre las hojas otoñales, yace mi cuerpo, noto como mi alma se separa de él, pero aún no sé si esto es un sueño o una pesadilla eterna.
“Darkness” Ènia Fosch de 4.º ESO B
La oscuridad es algo tétrico, ¿no crees? Entrar en una habitación sin iluminación y no poder ver nada; sentir esa impotencia de no saber qué hay a tu alrededor y no poder descubrirlo hasta que pase un largo tiempo y tus ojos se acostumbren.
¿No es algo irónico que algo como la vista, que se supone que es imprescindible, no te ayude cuando más lo necesitas? Es como si fueses ciego y nada pudiese guiarte. Es por eso que me siento aliviada al saber que, espero, estés leyendo esto con la luz encendida porque, si no, no serías capaz de ver al amable señor que hace rato te lleva mirando desde atrás.
“La ropa de mi hermana” de Iker Navas 2.º de BACH B
Recuerdo todos los días la noche en que murió mi hermana. Iba sola en su coche de camino a casa después de un día en Valladolid cuando fue embestida por un coche que circulaba en sentido contrario. Nadie olvidará el cadáver descompuesto en medio de la carretera, casi irreconocible. El accidente aún resuena en la ciudad y el ramo que colocamos aún está en el sitio del accidente.
Finalmente ayer, después de tanto tiempo, volví a su habitación y decidí abrir su armario para oler su ropa y sentirme más cerca de ella. Ahora no puedo dar un solo paso para abrir la puerta. Lo último que me esperaba era encontrar la ropa de su entierro colgada y en el bolsillo del pantalón una nota con las palabras “Esconde esta ropa, quema esta nota y nunca le digas a nadie esto, te quiero.”

