Hay un monstruo en mi cuarto. Lo sentí la primera noche en la que la lluvia golpeaba
los cristales, como si quisiera entrar. Las sombras alargadas de mi habitación danzaban al
ritmo de los truenos. Una brisa gélida se colaba por la puerta entreabierta y se deslizaba por
mis pies, como si alguien respirara junto a ellos.
Entonces lo oí. Pasos pesados, que se acercaban lentamente. Me maldije por no haber
cerrado la puerta, y ahí aparecieron, unos ojos pálidos, emergiendo de la oscuridad
lentamente. No era una pesadilla, lo sé porque el reloj seguía marcando la una y veintisiete
y el agua seguía cayendo, vigilante. Todo era real.
Desde entonces, el monstruo viene todas las noches. Lo escucho moverse en la
habitación, tambaleante, torpe, respirando como si cada aliento le doliera. A veces tropieza
con mis juguetes. A veces murmura, y entre esos murmullos dice mi nombre. Me dice que
tenga miedo, que mire.
Yo intento no hacerlo, pero hay noches en que la curiosidad es más fuerte que el
pánico. Levanto apenas el borde del edredón y ahí está. Su rostro es ceniza. Su sonrisa
torcida y húmeda. En sus ojos hay brillo, como la llama de una vela en un sótano. Y me
susurra que no diga nada.
El aire se vuelve espeso y difícil de respirar. Los pasos del pasillo se clavan en el
parquet, y cuando grito el nombre de mi mamá, nadie contesta.
Entonces el monstruo regresa. Su sombra, junto con su olor, llenan toda la habitación.
Yo cierro los ojos y me hundo en la cama, pero sigo oyendo su voz. Ya no suena como
antes; suena más grave, más cercana. Huele a sudor y algo dulce pero podrido. El
monstruo me toca el hombro, y noto como sus asquerosas garras rasgan lentamente la tela
de mi sábana. Su enferma respiración golpea mi nuca y el vello de mis brazos se eriza. A
pesar de tener los ojos cubiertos, imagino sus pupilas dilatándose y una inquietante sonrisa
esbozándose en su boca rancia. Y antes que la oscuridad se cierre del todo, comprendo
que no hay un monstruo en mi cuarto. El monstruo siempre ha estado ahí. Solo que mamá
ha aprendido a no mirarlo.
POL ANDRÉS, 1r batxillerat C



