María y Miguel salieron a pasear a Lucero, su pastor alemán. Quedaron con Laura, su amiga. Era una tarde fría de invierno. Fueron paseando hacia el lago que rodeaba el pueblo. El camino hacia el lago era largo, el sendero estaba acompañado por grandes árboles que impedían ver el cielo. Ese día la niebla lo cubría todo.
Maria, Miguel y Laura habían visto muchas veces el viejo hotel abandonado que presidía el lago pero ese día algo les llamó la atención. La puerta principal, que siempre estaba cerrada con un candado, ese día estaba medio abierta. asustado. Pensaron que era del frío y decidieron continuar.
A lo lejos vieron un hombre con un aspecto muy mayor, tenía muchas cicatrices y la ropa vieja y rota.Se acercaron a él y le preguntaron cómo se podía acceder al hotel. El hombre se giró y les dijo que no era seguro entrar que los viejos del lugar explicaban que algunos que entraron nunca pudieron salir. Los jóvenes empezaron a reír, pensaron que eran historias de viejos.


