EL NIÑO CON LOS OJOS DORADOS- Un conte escrit per la Maria Jiménez. 6è

Un día como este, estaba en el banco de enfrente de mi casa. Estaba pensando en muchas cosas… Bueno en realidad esperaba a una amiga de la escuela. Recuerdo que pasaban y pasaban los minutos y mi amiga no llegaba. Hasta que me dio por enviarle un mensaje a su teléfono.

–Amiga llevo mucho tiempo esperándote en el banco de en frente de mi casa. ¿Vas a venir?

-¡Ay! ¡Que ya no me acordaba! Perdona pero me he ido al cine con un amigo de mi padre. Lo siento. Menos mal que me dio por avisarle, si no me quedaba allí hasta las tantas. Pero unos segundos antes de que abandonara ese banco, un niño se presentó delante de mí.

-Hola, ¿Quién eres? Yo soy María. –Le dije.

-Hola, soy Tomás… ¿Te gustaría ser mi amiga?

Yo me quedé un poco extrañada, conocer una persona y preguntarle eso, es un poco raro. Pero, como yo soy tan amigable le dije que sí, sin pensarlo.

-¡Genial!  Ya eres mi amiga, y quiero que juguemos a algo.

–Vale, ¿a que quieres que juguemos?- Le pregunté.

–Al escondite.- Me respondió.

–Genial.

Os puedo asegurar que me lo pase increíble jugando con él, pero se nos hizo muy tarde y yo tenía que ir a cenar a mi casa.

–Tomás me tengo que ir a mi casa.- Le dije.

-¿Por qué? ¿No te lo estás pasando bien?

-¡Claro que sí! Pero mama me regañará si no llego temprano. Si quieres puedes quedarte a cenar a casa. Seguro que a mama no le importara.- Le dije.

–De acuerdo, hoy ceno en tu casa pero déjame llamar a mi madre para que lo sepa.

-Vale.

Y después de unos minutos mientras él llamaba a su madre subimos a mi casa.

Cuando llegue a casa le presente mi amigo a mama, pero ella no paraba de decirme que me callara porque no le dejaba oír la tele.

–María espera un segundo que ahora te hago de cenar. -Me dijo mama.

–De acuerdo, pues esperaré.

Mientras yo hablaba con Tomás mama me miraba como si estuviera loca.

Y cuando al fin hizo la cena, a Tomás no le trajo nada para cena.

-¡Mama! ¿Y mi amigo? ¿No le vas a dar nada para cenar?

En ese momento mi madre comenzó a sudar y a ponerse nerviosa.  Solo me dijo que tenía miedo.   María me voy a mi casa, es normal que tu madre no quiera hacerle de cenar a un desconocido.

–No Tomás, mi madre no es así, no sé qué le pasa. –Tranquila pediré un taxi y me iré a mi casa.

Le pregunte si mañana nos volveríamos a ver y él me dijo que tal vez sí.

Al día siguiente fui a la escuela y encontré a mi amiga, y hablé con ella.

–Amiga ayer no pudiste venir pero, conocí a un niño encantador y muy divertido!

–María ya estás haciendo amigos raros! Pero a ver si es muy guapo podrías presentármelo.

Y después  de un rato de estar hablando con mi amiga comenzaron las clases.

Creo que pasaron dos horas o así, cuando la directora vino a buscarme.

-¿María? Tu madre te está esperando abajo.

-¿A mí? ¿Por qué?

–No sé pero creo que vas al médico.

Después de aquello agarre mi chaqueta y mi mochila y me fui con mi madre.

-¿Dónde vamos mama?

–Al médico.

-¿Por qué vamos al médico? Yo me encuentro genial.

Pero no sé lo que le paso a mi madre que me quería llevar al médico pasara lo que pasara. Cuando llegue al médico no me dejaron entrar, porque  primero tenía que pasar a ‘‘solas’’ para hablar con el doctor de no sé qué cosa.

Pero cuando finalmente me dejaron entrar no paraban de hacerme preguntas extrañas, pero yo las respondí. Y después otra vez entro mi madre y como yo soy una curiosa de la vida no hice nada más y nada menos que poner la oreja a la puerta a ver lo que oía.

Solamente escuché:

-Señora, María no puede ver el papel que le estoy escribiendo por nada del mundo porque puede ser una depresión para ella.

A sí que lo único que tenía que hacer era ver lo que ponía en ese papel.

Cuando llegamos a casa mi madre dejo el papel encima del mueble y entró a la cocina para hacer de cenar, solo tenía que mirarlo para saber lo que ocurría.

Lo miré y solo ponía: problemas de la imaginación, amigo imaginario.

En ese momento yo me eché a llorar. Pensar que aquel niño que conocí era producto de mi imaginación.

Jamás olvidare la brillantez de los ojos de aquel niño, así que lo apodaré el niño con los ojos dorados.

Autora: María Jiménez

Desplaça cap amunt
Ves al contingut