AVUI A CASTELLÀ…

LOS DOS ELEFANTES

Todos los días, el repartidor del supermercado subía de piso en piso y dejaba a la gente macarrones, zanahorias, naranjas, patatas, harina, aceite… Pero a Mercedes, que vivía en la buhardilla, nunca le dejaba nada.

Un buen día, Mercedes llamó al repartidor. – ¿Qué me traes? -preguntó ilusionada. – ¿Usted ha encargado algo? -dijo el chico. – ¡Ah! Pero… ¿hay que encargarlo? – ¡Pues claro! Lo que uno quiera.

Entonces, Mercedes decidió aprovechar la ocasión, llamó al supermercado y encargó un elefante de la India. Al día siguiente, desde muy temprano, se quedó asomada a la escalera para ver cuándo llegaba el chico con el elefante.

El repartidor llegó a eso de las diez. -Aquí tiene su elefante -le dijo a Mercedes-. ¡Y es de la India! La mujer se puso loca de alegría. Desde entonces vivió pendiente del animal: lo sacaba de paseo, le hacía zumo de naranja y tortilla francesa, le compró un árbol para que pudiera echarse la siesta debajo…

Pero, tiempo después, el elefante empezó a palidecer. Mercedes, que era muy lista, adivinó lo que le pasaba. “se siente solo y necesita compañía”, pensó. Y encargó un elefante de África en el supermercado.

Al día siguiente, el chico le trajo un elefante africano bastante grande. Los dos elefantes parecían muy contentos de estar juntos, pero, a mitad de semana, ambos empezaron a palidecer.

Mercedes inventó de todo para curarlos, hasta que comprendió que los elefantes echaban de menos su tierra. Así que fue a la estación y sacó dos billetes, uno para la India y otro para África. Y el domingo fue a despedirlos.

La cosa resultó complicada porque un elefante salía de la vía tres y el otros de la vía veintisiete. Colocó primero a uno y se despidió; luego, al otro y se despidió; por último, se marchó a su casa muy despacio y muy apenada.

Pasó el tiempo. Aunque se acercaban las vacaciones, Mercedes se sentía desdichada. De repente, un día subió el chico del supermercado muy nervioso. ¿y sabéis a quién traía? ¡Pues a los dos elefantes! Los había encontrado cerca de la estación.

Mercedes se puso contentísima porque los elefantes venían a pasar con ella las vacaciones de verano. Unos meses después, volvió a comprar dos billetes de tren y los despidió en la estación. Pero, cuando volvía a su casa. Mercedes ya no iba triste: iba muy alegre, haciendo planes para las próximas vacaciones.

Consuelo Armijo (adaptación)

Ejercicios de comprensión

 

  1. ¿Qué personajes intervienen en el cuento?

 

 

  1. ¿Qué encargo Mercedes en el supermercado en cada ocasión?

– La primera vez:

– La segunda vez:

 

  1. ¿Por qué palidecieron los dos elefantes?

 

 

  1. ¿Qué hizo Mercedes después de intentar curarlos?

 

 

  1. ¿Qué pasó después? Explica el final del cuento.

 

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