Este trimestre hemos escrito cuentos en lengua castellana. Nos han quedado muy divertidos y los hemos explicado a los comeñeros de ciclo inicial i ciclo medio.
Os los dejamos aquí:
El camión fantasma
Era un día cualquiera, en el colegio de Els Prats de Rey, cuando estábamos haciendo matemáticas. Biel estaba mirado por la ventana, ya que tenía un mal presentimiento. Benet, le preguntó que estaba mirando, y Biel dijo que tenía un mal presentimiento. Mar, como de costumbre, les tuvo que advertir de que tenían que trabajar porqué si no se llevarían deberes, pero, como de costumbre, no la hicieron ni caso. Ojalá esos dos niños hubieran hecho caso a Mar porque, de repente, vieron como pasaba la subida un camión como cualquier otro, un camión blanco nada sospechoso. Pero cuando el camión trazó la curva, no había nadie conduciéndolo. Los niños se partieron de risa. Hay gente que diría que si tú ves un camión sin conductor debería darte miedo pero a estos niños, todo les hacía risa, así que, por reírse tanto, su maestra Laura les advirtió de que trabajaran de inmediato. Antes de hacer caso a Laura, Biel y Benet le contaron lo que habían visto a Mar, pero, Mar dijo:
-¡Qué bobada! – exclamó Mar.
-¡Acabamos de ver la cosa más graciosa del mundo! -dijeron a la vez.
-¿Qué pasa ahora?
-Hemos visto un camión sin conductor. ¿A qué es gracioso?
-¡Pero qué tontería es esa!- volvió a exclamar Mar.
-Que no, que no, que no es mentida.-contestó Biel.
Después de segundos intentando convencer a Mar, parecieron tan convincentes que Mar los creyó. Luego, a la hora del patio, estuvieron hablando detalle por detalle de la verdadera bobada que habían visto. A la hora de salir (la 1 del medio día) los tres niños les contaron a sus padres lo que habían visto. Como era lógico, no les creyeron. A partir de ese día, todos los días de colegio, investigaban la situación a la hora del recreo.
Al cabo de unos meses, descubrieron que el camión era un antiguo camión de Vicenta. Biel y Benet dijeron que estaba embrujado, pero Mar dijo que eso era otra bobada de las muchas que decían. Entonces a Mar se le ocurrió una idea: que podían buscar el camión por todo el pueblo cuando salieran de la escuela a las cinco de la tarde. Pero no había ni rastro del camión. De repente, Benet se fijó en que había un cartel con un dibujo igual que el que había en el camión que habían visto sin conductor hacía ya unos meses. El cartel anunciaba un taller que había en Calaf. Lo más lógico era ir al taller, así que quedaron en que el padre de Mar los llevaría a su taller el viernes por la tarde. En esa calle estaban todos los talleres de Calaf, así que les iba perfecto. El viernes por la tarde le pidieron al padre de Mar ir a ver otros talleres y el accedió. Como dicen a la tercera va la vencida y en el tercer taller vieron el mismo camión y el mismo cartel que antes. Se quedaron muy sorprendidos, pero la historia no acababa allí. Resulta que había dos camiones iguales. Al menos eso fue lo que les dijo la señora que estaba en el taller. Vieron en el suelo una mancha de algo que parecía slime verde. Al volver a Prats encontraron lo que parecía la misma mancha que habían visto en el taller de Calaf. De repente pasó por delante el camión que habían visto hacía unos meses por Prats. Benet, Biel y Mar no rieron para nada en esta ocasión. El camión, al igual que la otra vez, no tenía conductor. El camión aparcó dentro de un garaje que no estaba muy lejos de la plaza del ayuntamiento. Los niños y la niña siguieron al camión hasta el garaje y la puerta del garaje se cerró sola. Intentaron abrir la puerta pero no se abrió. De repente sintieron que algo pasaba por detrás suyo pero, al girarse no vieron nada. Biel y Benet pensaron que era un fantasma y Mar, por una vez, se lo creyó, por que no veía ninguna otra explicación lógica. El lunes por la mañana, a la hora del recreo, supieron que el fantasma estaba allí porque les susurró a la oreja a los tres:” –estoy aquí, porque no me dejáis en paz así que no me voy a ir, hasta que no dejéis de investigar-“ y los niños se quedaron muy aterrorizados por su amenaza, pero aun así, no dejaron de investigar. Al final, el fantasma iba de Prats a Calaf para asustar a los niños que descubrían que el existía. Nunca dejó tranquilos a esos tres niños.
Benet, Biel i Mar (5º curso)
.PINCHITO.
Había una vez un pececito que se llamaba Pinchito. Él era un pez globo naranja y muy simpático y amigable, pero Pinchito, no tenía amigos, porque decían que pinchaba y que no le querían en su grupo. Él se sentía solo porque todo el mundo se apartaba de él. Un día llegó muy triste a casa y su madre le preguntó qué le pasaba. Él siempre decía que no le pasaba nada.
Su familia y él vivían en el Caribe, eran los únicos de su especie allí. El único amigo que tenía era el tiburón blanquito. Era el único pez que lo entendía y pasaba mucho rato con él hablando de sus problemas.
Con el paso del tiempo se hizo más grande, ganó muchos premios de lucha… Entonces todo el mundo lo quería por sus trofeos y riquezas y su familia estaba feliz de que tuviese un amigo de verdad.
Un día por la noche, vino Espadín, el ladrón más buscado en el océano. Él le robó todo, los trofeos, el dinero, hasta los pinchos de diamante que usaba para ganar los combates. Cuando se despertaron Pinchito llamó a Blanquito y a Martillito el policía.
Martillito no encontró pruebas, sólo unas burbujitas y entonces las llevaron a la NASA oceánica y descubrieron que eran de Espadín.
Hicieron una búsqueda por todo el mar, pero no encontraron a Espadín.
Pinchito se volvió a presentar a otro concurso de lucha pero quedó en último lugar y entonces, nadie lo quería como antes.
Él a medida que se iba haciendo mayor, pasó de todo el mundo y se hizo muy independiente, le gustaba mucho estar solo. También, se alejó de Blanquito y ya no eran amigos.
Cuando ya era mayor, se reencontró con Blanquito. Se volvieron a hacer amigos y hablaron de todo lo que les había pasado en la vida.
Blanquito, le presentó a muchos amigos. Volvía a estar feliz. Hasta que un día Espadín le volvió a robar, pero esta vez, Martillito, fue más rápido y listo que Espadín, lo arrestó y el policía le devolvió los pinchos de diamante a Pinchito.
Pinchito dijo que no los quería, porque si no nadie le querría como antes. Él decidió esconderlos y así todos le querían, sin los pinchos, todo y que a él le gustaban.
Un día, su madre le dijo que porque no traía los pinchos puestos y él le contestó que era para tener más amigos:
-Hijo, porque no traes los pinchos puestos?
-Porque así tengo más amigos.
-Pero puedes tener amigos con los pinchos.
-NOOOOOOO!! Nadie me quiere con los pinchos, me dicen que soy raro, o rarito y no me gusta.
-Pues quien te lo diga, es porque no te quiere como amigo y además te envidia, así que solo te falta encontrar un amigo bueno y fiel.
Pinchito estuvo pensando en lo que le dijo su madre. Decidió ponerse lo pinchos y encontrar un muy buen amigo.
Al cabo de muchas horas y días, lo encontró. Él era muy buen amigo.
Y esta es la historia reflexiva de Pinchito.
Que os ha parecido?
FIN
Cinzia, Iker, Laia y Ramon (6º curso)



