
- PORQUÉ HEMOS DECIDIDO HACER ESTE TALLER
Después de valorar las situaciones y vivencias que se nos han planteado durante el curso hemos decidido hacer este taller donde poder compartir con los padres todas las dudas que puedan surgir. Queremos que os quede claro que siempre os vamos ha hablar des del punto de vista de nuestra experiencia como educadoras, puesto que no somos ni psicólogas ni pedagogas.
Hemos observado situaciones y vivencias con los niño/as que se frustran cuando escuchan la palabra “NO” ya que creemos que no lo escuchan lo suficiente.
- QUÉ ES UN LIMITE
El limite tiene que estar presente des del nacimiento para ayudar a formar la personalidad del niño y que reconozca des de pequeño la frustración.
Los niños necesitan tener límites, estos les dan seguridad y confianza.
La educación y los límites son dos palabras indisociables.
Educar a un niño con límites claros en la primera infancia equivale a ofrecerles unas herramientas emocionales para toda la vida, ya que les ayudará a formarse como personas centradas y respetuosas y les permitirá reconocer la autoridad que no el autoritarismo.
“Hoy en día viven un exceso de permisibilidad y hay que tener presente que todo lo que no se trabajar des de pequeño después puede tener consecuencias”
Los limites que no se han trabajado en la infancia vuelven a brotar en la adolescencia con fuerza, como puede ser el caso del síndrome del niño emperador, es decir, niños tiranos que después se convierten en adolescentes agresivos. Estos niños no han interiorizado los limites de manera clara y les cuesta mucho aceptar las normas, además, son incapaces de asumir frustraciones. Se vuelven muy egoísta y poco empáticos; en el fondo, son niños muy dependientes.
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SIN MIEDO A LOS LIMITES |
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No hay que tener miedo a los límites. No son perjudiciales sino todo lo contrario. |
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Una educación sin límites no se puede concebir y, lo que es peor, no funciona. |
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Los límites son una referencia: ayudan al niño a tener claro que puede y que no puede hacer. También le enseña a saber renunciar a sus deseos y le entrenan para tolerar la frustración, algo muy necesario en las situaciones similares que la vida le depara. Este proceso paulatino de tolerancia a la frustración le permite manejar la ansiedad y la agresividad. |
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En cada casa debe haber unos límites; el pequeño ha de conocerlos y saber las consecuencias de su cumplimiento o incumplimiento. |
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Los límites consensuados permiten la misma reacción de los padres ante similares situaciones y comportamientos y evitan desprestigiar la autoridad de la pareja delante del niño. |
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Unos límites muy flexibles que cambien según el estado de ánimo de los padres, provocaran inseguridad en el niño. |
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El limite tiene que estar adecuado a la edad del niño “si le pides al niño que recoja hay que tener en cuenta que no lo va a hacer perfecto ni en cinco minutos, tiene que haber una motivación por parte del adulto y dejarle un tiempo”. |
- LIMITES EN SU JUSTA MEDIDA
Los límites no funcionan cuando:
– No se transmiten de forma clara
– Son contradictorios
– No hay consecuencias ya sean positivas o negativas
– Se pide al niño que haga algo que los padres no hacen
– Establecer unos límites demasiado estrictos
– Fijar un número excesivo de normas
– “No dar demasiadas explicaciones cuando el límite ya está claro, ya que el mensaje se pierde”.
- RUTINA Y PACIENCIA
Las rutinas y la paciencia son ingredientes básicos a la hora de preparar la maleta de límites y normas. “Vivimos en una sociedad en la que las prisas y las exigencias nos acompañan en todas las situaciones de la vida”. “Queremos resultados inmediatos, en la pareja, la profesión, la enfermedad y también los hijos”.
La paciencia es una práctica que se tiene que ir cultivando, pero ha de salir de ti para poder transmitírselo a tus hijos.
No hay que caer en el error de etiquetar a los niños, son perezosos, malos, desobedientes, etc. El niño está creciendo y prueba sus propios límites y lo que necesitan de los padres son pautas claras con seguridad, amor y constancia. Hemos de acompañarlos en la frustración.
Los niños saben diferenciar los diferentes registros, es decir, que puede hacer con cada persona: esto con la madre, esto con el padre, esto con los abuelos y esto con la educadora.
Hay que ser constantes y rutinarios en las pautas de sueño, de comida, etc.; hasta que las normas y los limites queden interiorizados, pero alerta, el exceso de rigidez también genera en el niño angustias que no están preparados para los imprevistos o los cambios de planes, hay que encontrar un equilibrio; es mejor poner pocos limites pero claros e irreversibles.
- AUTONOMIA DEL NIÑO
Es importante trabajar la autonomía de los niños, es bueno que adquieran responsabilidades y que entiendan que las cosas cuestan un esfuerzo y saber que no todo es aquí y ahora. De esta manera aprenderá a esperar y ser paciente, hay que darle tiempo.
No se debe premiar a los niños por acciones que les pertenece hacer porque forman parte de la rutina familiar o educativa. No se debe utilizar el chantaje para que haga las cosas. Hay ciertas normas que se han de cumplir igual que hay ciertos límites que no se deben sobrepasar y siempre argumentándolos.
- CONCLUSIONES
Poner límites y hacer cumplir las normas significa muchas veces tener conflictos. Hábitos y límites constituyen el grueso de la tarea educativa de todos los padres. Definir y dejar claro que en casa la autoridad son los padres es fundamental para que los límites tengan éxito. Los padres tienen que creerlo y actuar en consecuencia. Hay que entender que estamos educando y no manteniendo un pulso que debemos ganar a toda costa.

