{"id":7996,"date":"2020-10-15T12:26:20","date_gmt":"2020-10-15T10:26:20","guid":{"rendered":"http:\/\/agora.xtec.cat\/ies-ramonbarbat-vilaseca\/?p=7996"},"modified":"2020-11-27T12:08:50","modified_gmt":"2020-11-27T11:08:50","slug":"cuando-los-ninos-no-iban-a-la-escuela","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/agora.xtec.cat\/ies-ramonbarbat-vilaseca\/alumnes\/la-hora-del-cuento\/cuando-los-ninos-no-iban-a-la-escuela\/","title":{"rendered":"Cuando los ni\u00f1os no iban a la escuela"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/agora.xtec.cat\/ies-ramonbarbat-vilaseca\/wp-content\/uploads\/usu1174\/2020\/10\/foto-3.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-7998 size-medium\" src=\"https:\/\/agora.xtec.cat\/ies-ramonbarbat-vilaseca\/wp-content\/uploads\/usu1174\/2020\/10\/foto-3-300x300.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/agora.xtec.cat\/ies-ramonbarbat-vilaseca\/wp-content\/uploads\/usu1174\/2020\/10\/foto-3-300x300.jpg 300w, https:\/\/agora.xtec.cat\/ies-ramonbarbat-vilaseca\/wp-content\/uploads\/usu1174\/2020\/10\/foto-3-150x150.jpg 150w, https:\/\/agora.xtec.cat\/ies-ramonbarbat-vilaseca\/wp-content\/uploads\/usu1174\/2020\/10\/foto-3.jpg 626w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Estos d\u00edas hemos hablado en clase del coronavirus, y todos hab\u00e9is comentado las ganas que ten\u00edais de venir al instituto. Ahora valor\u00e1is realmente la suerte que tenemos al poder venir a clase con amigos, profesores, mochilas y sue\u00f1o en los ojos. No os importa que a veces los resultados no sean tan buenos como desear\u00edais: quer\u00e9is estar aqu\u00ed.<\/p>\n<p>Hace muchos a\u00f1os hab\u00eda ni\u00f1os que no pod\u00edan ir a la escuela. La causa no era el confinamiento por una pandemia, como nos ha pasado a nosotros; la causa era que no pod\u00edan ir a la escuela porque ten\u00edan que trabajar para ayudar en casa.<\/p>\n<p>\u00bfOs imagin\u00e1is c\u00f3mo se sent\u00eda Pedro, el protagonista de nuestra historia, cuando tuvo que dejar la escuela del pueblo para ayudar a su padre en el campo? Pareciera que la suerte estaba en su contra, pero basta que aprovechemos las oportunidades que nos da la vida para que la suerte nos favorezca.<\/p>\n<hr \/>\n<p><strong><em>PEDRO CUATROJOS<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>Hace mucho, mucho tiempo, tanto tiempo que ya nadie se acuerda, en un pa\u00eds lejano viv\u00eda Pedro a salto de mata haciendo recados; ayudando a los vendedores del mercado; recogiendo chatarra; acudiendo aqu\u00ed y all\u00e1 para conseguir unas monedas que entregaba puntualmente a sus padres, que tambi\u00e9n se afanaban para sacar adelante a la familia.<\/em><\/p>\n<p><em>Cuando el padre consegu\u00eda un trabajo, Pedro iba a la escuela mientras duraba la buena racha, pero desgraciadamente ten\u00eda que abandonarla pronto, y as\u00ed, a salto de mata, aprendi\u00f3 a leer a trompicones y a escribir en renglones torcidos.<\/em><\/p>\n<p><em>Como dice el refr\u00e1n que \u201cen el pa\u00eds de los ciegos, el tuerto es el rey\u201d, a los variados oficios con los que Pedro se ganaba la vida pudo a\u00f1adir dos m\u00e1s: leer las cartas que alguna vez recib\u00edan los vecinos analfabetos y contestarlas al dictado de los que no sab\u00edan hacer ni la O con un canuto.<\/em><\/p>\n<p><em>A Pedro le encantaba leer. Recog\u00eda los peri\u00f3dicos y las revistas que la gente tiraba en el suelo y, entre recado y recado, se entreten\u00eda leyendo.<\/em><\/p>\n<p><em>Una vez encontr\u00f3 en la basura una novela de aventuras a la que solo le faltaban las primeras p\u00e1ginas y, sin conocer el autor ni el t\u00edtulo del libro, empez\u00f3 a leerla.<\/em><\/p>\n<p><em>La historia era muy interesante y divertida pero, cuando Pedro estaba m\u00e1s enfrascado en la lectura, tuvo que cerrar el libro porque le llam\u00f3 el verdulero para encargarle que fuese a entregar una cesta de frutas y verduras en un barrio de casas nuevas a las afueras de la ciudad, donde seguramente le dar\u00edan una buena propina si hac\u00eda el recado deprisa.<\/em><\/p>\n<p><em>\u2013No te entretengas por el camino \u2013le dijo el verdulero.<\/em><\/p>\n<p><em>\u2013Ir\u00e9 y volver\u00e9 enseguida\u00a0 \u2013asegur\u00f3 Pedro.<\/em><\/p>\n<p><em>Siempre lo hac\u00eda, pero esta vez ten\u00eda dos motivos m\u00e1s: el primero, ganar la propina prometida, y el segundo, como hab\u00eda tenido que interrumpir la lectura de la novela, enterarse del final de la historia.<\/em><\/p>\n<p><em>\u201cTal vez pueda caminar y leer al mismo tiempo\u201d, pens\u00f3 para sus adentros.<\/em><\/p>\n<p><em>Dicho y hecho.<\/em><\/p>\n<p><em>Se puso la cesta en la cabeza, se sac\u00f3 la novela del bolsillo y, manteniendo abierto el libro ante sus ojos, reemprendi\u00f3 la marcha, caminando y leyendo.<\/em><\/p>\n<p><em>Todo fue bien mientras caminaba por calles asfaltadas y con anchas aceras, pero en cuanto tuvo que meterse por un camino de tierra y piedras, empez\u00f3 a dar tropezones.<\/em><\/p>\n<p><em>Hasta que ocurri\u00f3 lo que ten\u00eda que ocurrir: que Pedro dio con una piedra m\u00e1s grande que las otras, se hizo da\u00f1o en los pies, resbal\u00f3\u2026<\/em><\/p>\n<p><em>\u2013\u00a1Ay!<\/em><\/p>\n<p><em>\u2013Solt\u00f3 el libro, se le cay\u00f3 la cesta, y todo lo que llevaba dentro sali\u00f3 rodando por el suelo.<\/em><\/p>\n<p><em>\u2013\u00a1Qu\u00e9 mala suerte! \u2013exclam\u00f3 Pedro, mientras recog\u00eda las frutas y las verduras para volver a meterlas de nuevo en la cesta.<\/em><\/p>\n<p><em>Entonces vio en medio del camino una piedra muy grande, blanca por una cara y negra por otra.<\/em><\/p>\n<p><em>\u2013\u00a1Esta es la piedra que me ha hecho caer! \u2013refunfu\u00f1\u00f3 Pedro\u2013. \u00a1Dichosa piedra!<\/em><\/p>\n<p><em>Y para que ning\u00fan otro caminante volviera a tropezar con ella, la tom\u00f3 del suelo para lanzarla lejos. Todav\u00eda la ten\u00eda en la mano cuando oy\u00f3 una voz que dec\u00eda:<\/em><\/p>\n<p><em>\u2013\u00a1Espera! \u00a1No me tires!<\/em><\/p>\n<p><em>Pedro se extra\u00f1\u00f3 mucho, pues no hab\u00eda nadie m\u00e1s que \u00e9l en el camino.<\/em><\/p>\n<p><em>La voz misteriosa continu\u00f3 diciendo:<\/em><\/p>\n<p><em>\u2013No me tires, no me desprecies, porque yo no soy una piedra cualquiera.<\/em><\/p>\n<p><em>\u2013Pues entonces, \u00bfqu\u00e9 eres?<\/em><\/p>\n<p><em>\u2013Yo soy la suerte \u2013respondi\u00f3 la piedra blanca y negra\u2013. Y t\u00fa, sin darte cuenta, acabas de tropezarte con tu suerte.<\/em><\/p>\n<p><em>Pedro refunfu\u00f1\u00f3:<\/em><\/p>\n<p><em>\u2013Pues he dado con la cara negra, porque solo me han ocurrido desgracias: me he ca\u00eddo al suelo; me he hecho una herida en el dedo gordo de este pie, que me duele mucho; se han espachurrado algunas frutas que tendr\u00e9 que pagar de mi bolsillo, y ahora me est\u00e1s entreteniendo y, si me retraso, me quedar\u00e9 sin la propina. Ya s\u00e9 que resulta peligroso caminar y leer al mismo tiempo, as\u00ed que cerrar\u00e9 el libro y seguir\u00e9 adelante mirando donde piso, para no volver a tropezarme contigo.<\/em><\/p>\n<p><em>\u2013\u00a1No digas eso! \u2013replic\u00f3 la piedra de la suerte. Muchos se quejan de m\u00ed sin darse cuenta de que son ellos mismos los que tienen la culpa de su mala suerte. Otros, como t\u00fa, tropiezan conmigo y pasan de largo, sin aprovechar las oportunidades que yo les ofrezco. Voy a olvidarme de tus primeras quejas y voy a darte una segunda oportunidad. Te lo repito: hoy est\u00e1s de suerte. Dime lo que deseas y te dar\u00e9 lo que me pidas.<\/em><\/p>\n<p><em>Pedro no se fiaba mucho de las promesas de la piedra, pero pens\u00f3 para sus adentros: \u201cPor probar, no se pierde nada\u201d.<\/em><\/p>\n<p><em>Volvi\u00f3 la piedra del otro lado y le dijo a la cara blanca, despacio y en voz baja:<\/em><\/p>\n<p><em>\u2013Pues a m\u00ed me gustar\u00eda\u2026 Me gustar\u00eda mucho tener ojos en la punta de los pies, para ver el camino y el libro al mismo tiempo, y poder caminar y leer sin tropezar cuando voy de un sitio a otro haciendo recados.<\/em><\/p>\n<p><em>La piedra de la suerte, acostumbrada a que la gente le pidiera un coche nuevo o un mont\u00f3n de billetes, le replic\u00f3 extra\u00f1ada:<\/em><\/p>\n<p><em>\u2013\u00bfEst\u00e1s seguro de que es eso lo que quieres?<\/em><\/p>\n<p><em>\u2013Segur\u00edsimo.<\/em><\/p>\n<p><em>\u2013\u00bfY no te quejar\u00e1s de m\u00ed si te concedo lo que me pides y luego no te gusta?<\/em><\/p>\n<p><em>\u2013No.<\/em><\/p>\n<p><em>\u2013\u00bfY en adelante nunca te quejar\u00e1s de tu mala suerte, ech\u00e1ndole la culpa de tus errores?<\/em><\/p>\n<p><em>\u2013Nunca.<\/em><\/p>\n<p><em>\u2013Est\u00e1 bien. Pues ahora mismo te concedo tu petici\u00f3n, y espero que cumplas tu palabra.<\/em><\/p>\n<p><em>Pedro se agach\u00f3 y se mir\u00f3 la punta de los dedos gordos de sus pies, esperando ver aparecer un ojo en cada uno de ellos pero tuvo que aguardar un mont\u00f3n de rato sin que pasase nada.<\/em><\/p>\n<p><em>Enfadado, se puso de pie de un salto, levant\u00f3 el pie derecho para darle un patad\u00f3n a la mentirosa piedra de la suerte, pero se detuvo de pronto sin llegar a tocarla, y se qued\u00f3 quieto a la pata coja, pues la piedra de la suerte hab\u00eda aumentado de tal forma que ahora pod\u00eda verla como si la tuviera muy cerca.<\/em><\/p>\n<p><em>Sorprendido se agach\u00f3, se tap\u00f3 las puntas de sus pies con las manos y dej\u00f3 de ver la piedra, como si hubiera cerrado dos nuevos ojos.<\/em><\/p>\n<p><em>Sin cre\u00e9rselo del todo, Pedro gir\u00f3 un pie a la derecha, en direcci\u00f3n a las florecillas que crec\u00edan en el borde del camino, y las vio enormes y con todo detalle. Acerc\u00f3 el otro pie a un caracol, que avanzaba lentamente por la arena, lo mir\u00f3 y le pareci\u00f3 del tama\u00f1o de un dinosaurio.<\/em><\/p>\n<p><em>\u2013\u00a1Es verdad! \u00a1La piedra de la suerte ha cumplido su promesa! \u2013exclam\u00f3 sorprendido\u2013. Ahora puedo ver como si tuviera cuatro ojos.<\/em><\/p>\n<p><em>Coloc\u00f3 bien la piedra para que todos los que pasaran por el camino tropezasen por su cara blanca, y le dijo:<\/em><\/p>\n<p><em>\u2013\u00a1Muchas gracias!<\/em><\/p>\n<p><em>Se levant\u00f3, se coloc\u00f3 la cesta en la cabeza, y volvi\u00f3 a caminar y a leer al mismo tiempo, pero ahora sin miedo de dar con las narices en el suelo.<\/em><\/p>\n<p><em>\u2013\u00a1Estupendo!<\/em><\/p>\n<p><em>Pedro sigui\u00f3 haciendo recados; ayudando a los vendedores del mercado; recogiendo chatarra; acudiendo aqu\u00ed y all\u00e1 para conseguir unas monedas, pero desde entonces fue siempre de un lado a otro caminando y leyendo, y en el barrio empezaron a llamarle Cuatrojos.<\/em><\/p>\n<p><em>En vez de enfadarse, a Pedro le gust\u00f3 el mote, tanto que lo tom\u00f3 como si fuera su apellido.<\/em><\/p>\n<p><em>A fuerza de leer por la calle, de asistir a la escuela cuando pod\u00eda y de sacar libros de la biblioteca, Pedro lleg\u00f3 a la Universidad y estudi\u00f3 Medicina, y el doctor Cuatrojos se hizo famoso por su bondad y su sabidur\u00eda.<\/em><\/p>\n<p><em>Y color\u00edn colorado, este cuento ha terminado.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Estos d\u00edas hemos hablado en clase del coronavirus, y todos hab\u00e9is comentado las ganas que ten\u00edais de venir al instituto. 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