{"id":6750,"date":"2020-02-03T11:00:57","date_gmt":"2020-02-03T10:00:57","guid":{"rendered":"http:\/\/agora.xtec.cat\/ies-ramonbarbat-vilaseca\/?p=6750"},"modified":"2020-02-03T11:15:30","modified_gmt":"2020-02-03T10:15:30","slug":"tienes-mas-cuento-que-calleja","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/agora.xtec.cat\/ies-ramonbarbat-vilaseca\/alumnes\/tienes-mas-cuento-que-calleja\/","title":{"rendered":"Tienes m\u00e1s cuento que Calleja"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/photos.app.goo.gl\/BvJ1q1RXNwnKgdaY7\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright wp-image-6753 size-medium\" src=\"https:\/\/agora.xtec.cat\/ies-ramonbarbat-vilaseca\/wp-content\/uploads\/usu1174\/2020\/02\/Ainhoa-Li-Chen-300x146.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"146\" srcset=\"https:\/\/agora.xtec.cat\/ies-ramonbarbat-vilaseca\/wp-content\/uploads\/usu1174\/2020\/02\/Ainhoa-Li-Chen-300x146.jpg 300w, https:\/\/agora.xtec.cat\/ies-ramonbarbat-vilaseca\/wp-content\/uploads\/usu1174\/2020\/02\/Ainhoa-Li-Chen-768x374.jpg 768w, https:\/\/agora.xtec.cat\/ies-ramonbarbat-vilaseca\/wp-content\/uploads\/usu1174\/2020\/02\/Ainhoa-Li-Chen.jpg 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Si hoy la se\u00f1orita te ha pedido los deberes, t\u00fa le has dado una excusa y ella te contesta: \u201cTienes m\u00e1s cuento que Calleja\u201d, me temo que te has pasado con los pretextos y ya no te cree.<\/p>\n<p>Pero \u00bfsabes de d\u00f3nde viene esta expresi\u00f3n? Saturnino Calleja fue un editor del que se dec\u00eda que \u201cten\u00eda mucho cuento\u201d porque los publicaba. Edit\u00f3 much\u00edsimos cuentos infantiles, famosos por su formato peque\u00f1o y su bajo precio. Fue muy importante para los ni\u00f1os del siglo XIX y principios del XX, porque gracias a \u00e9l se populariz\u00f3 la lectura.<\/p>\n<p>Esta semana hemos visto cuentos de Calleja y hemos o\u00eddo un cuento popular, \u201cEl peral de la t\u00eda Miseria\u201d, que nos explica c\u00f3mo la muerte es necesaria para que la vida del mundo contin\u00fae.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center\"><strong>EL PERAL DE LA T\u00cdA MISERIA<\/strong><\/h3>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La t\u00eda Miseria era una anciana muy pobre y muy vieja, tanto que nadie pod\u00eda asegurar cu\u00e1l era su edad verdadera. Tampoco quer\u00edan preguntarle por ello, ya que Miseria ten\u00eda fama de ser una experta hechicera y, por lo tanto, cuanto m\u00e1s lejos mejor. Viv\u00eda, seg\u00fan dicen unos, en una choza; y seg\u00fan otros, en una cueva a las afueras del pueblo, lo suficientemente lejos para que nadie la importunara. Nadie, salvo aquellos traviesos muchachos del pueblo que desafiaban a la vieja, y al sentido com\u00fan, como veremos m\u00e1s adelante. La t\u00eda Miseria, como su nombre indica, no pose\u00eda nada, y viv\u00eda de las limosnas que le daban sus vecinos, que le daban cualquier cosa con tal de que no tenerla cerca. Gracias a estas limosnas, la vieja sobreviv\u00eda.<\/p>\n<p>Aquel peral era para la t\u00eda Miseria lo \u00fanico que pose\u00eda, junto a su peque\u00f1a y triste choza. Pero aquellos malditos muchachos no la dejaban en paz y cuando ella no estaba acud\u00eda a \u00e9l para llevarse las peras que ten\u00eda. Luego ella les maldec\u00eda y les amenazaba, pero solo serv\u00eda para que los muchachos se burlaran a\u00fan m\u00e1s de ella.<\/p>\n<p>Cada d\u00eda, la anciana acud\u00eda al pueblo en busca de limosnas y algo que comer. Los lugare\u00f1os, apenas la ve\u00edan procuraban no encontrarse con ella. Su aspecto, con sus harapos, su rostro arrugado y envejecido, no sabiendo nadie, ni ella misma, cu\u00e1l era su edad verdadera, y su fama, ya que algunos dec\u00edan que era hechicera y que en su casa hac\u00eda sortilegios y magia, asustaba a todos. Cuando alguien le negaba ayuda, ella calladamente los maldec\u00eda, por lo que sol\u00edan darle algunos pocas monedas o algo que comer para callar sus maldiciones.<\/p>\n<p>Aquella tarde, unos negros nubarrones amenazaban con descargar en poco tiempo un aguacero. La t\u00eda Miseria, con lo ya recogido, se dirigi\u00f3 a su choza, algunos dicen que cueva, para que no le sorprendiera la tormenta. Viv\u00eda, como es de suponer, alejada del pueblo, lejos de todos y de todo.<\/p>\n<p>En efecto, apenas en su casa, la tormenta empez\u00f3 a caer. Se dispon\u00eda a cenar unos mendrugos de pan y algunas frutas cuando, ya en la incipiente noche, unos golpes sonaron en la puerta. Al abrir, vio a un anciano, no tan viejo como ella, pero si tan pobre, a juzgar por su aspecto, totalmente empapado. Ella le invit\u00f3 a pasar y tras compartir con \u00e9l la frugal cena le ofreci\u00f3 un jerg\u00f3n donde poder dormir. A la ma\u00f1ana siguiente, el anciano se dispon\u00eda a marcharse cuando ella le dijo que ella iba a buscar algo que comer y lo compartir\u00eda con \u00e9l. El anciano le agradeci\u00f3 su ofrecimiento pero le dijo que no quer\u00eda molestarla m\u00e1s.<\/p>\n<p>Viendo la insistencia de la anciana, entonces \u00e9l le dijo que no era ning\u00fan mendigo, sino San Antonio y que hab\u00eda sido enviado por Dios para probar la caridad de todos los que viv\u00edan en aquel pueblo. Nadie le hab\u00eda abierto la puerta de su casa durante la tormenta, salvo ella. Ahora, Dios quer\u00eda premiar su caridad y, por ello, quer\u00eda concederle un deseo. El que quisiera.<\/p>\n<p>La t\u00eda Miseria no se hac\u00eda ilusiones sobre la santidad de aquel personaje y si su ofrecimiento era real o no, pero, como no ten\u00eda nada que perder, accedi\u00f3 a pedir el deseo: que aquel que se subiera a su peral no pudiera bajar de \u00e9l hasta que ella lo mandara. Era un deseo extra\u00f1o, incluso para aquel desconocido. Podr\u00eda haber pedido alguna riqueza, o alg\u00fan manjar, o cualquier otra cosa. Luego comprendi\u00f3 la sabidur\u00eda y la prudencia de la anciana: ella no quer\u00eda lo que no ten\u00eda, sino conservar su \u00fanico bien terrenal: el peral. El anciano hizo la se\u00f1al de la cruz y le concedi\u00f3 el deseo, tras lo cual se march\u00f3, desapareciendo en la lejan\u00eda. All\u00ed quedaba la anciana, con su peral, en aquel momento desnudo de frutos.<\/p>\n<p>Pasaron los d\u00edas, las semanas y los meses al ritmo de la vida cotidiana de Miseria. Por fin, la primavera trajo consigo unos hermosos frutos al peral. Jam\u00e1s hab\u00eda tenido tantos y tan hermosos. La vieja cogi\u00f3 uno y comprob\u00f3 que eran m\u00e1s deliciosos que nunca. Si no fuera por aquellos rufianes de ni\u00f1os, tendr\u00eda el alimento asegurado. Sali\u00f3 como todos los d\u00edas a buscar limosna. Y como siempre, tras conseguirlo, regres\u00f3 a su casa. Fue entonces cuando vio en lo alto del peral a dos ni\u00f1os que no pod\u00eda bajar de \u00e9l y que lloraban asustados. La t\u00eda Miseria entonces comprob\u00f3 que su deseo se hab\u00eda cumplido. Tras acudir sus padres a recogerlos, ella permiti\u00f3 que bajaran tras hacer una se\u00f1al con la mano. Al d\u00eda siguiente sucedi\u00f3 otro tanto. A partir de entonces, nadie, salvo ella, pod\u00eda coger peras del \u00e1rbol. Era tal la calidad de los frutos, que muchos de sus vecinos lo canjeaban por leche, huevos o carne. La vieja empez\u00f3 as\u00ed a vivir una vida sin penalidades.<\/p>\n<p>Y as\u00ed pas\u00f3 el tiempo, mucho tiempo, y la vieja Miseria viv\u00eda feliz en su choza sin que nadie la molestara. Pero una noche, estando en su casa prepar\u00e1ndose para dormir, alguien llam\u00f3 a su puerta. Cuando abri\u00f3 vio una figura alta y muy delgada, sin poder saber si era un hombre o una mujer, por ir cubierta por una capucha. Miseria se acord\u00f3 entonces de aquella lejana noche en la que alguien que parec\u00eda un mendigo le pidi\u00f3 ayuda. Pero ahora, aquel personaje no parec\u00eda un mendigo. Y mucho menos un santo. Mientras le miraba, un escalofr\u00edo recorri\u00f3 su cuerpo. Tras preguntarle qui\u00e9n era y qu\u00e9 quer\u00eda, la misteriosa sombra respondi\u00f3 mostrando una reluciente guada\u00f1a que brill\u00f3 con toda su intensidad, mientras le ofrec\u00eda su esquel\u00e9tica mano para que la acompa\u00f1ara.<\/p>\n<p>Era la Muerte y ven\u00eda a buscarla.<\/p>\n<p>La sabia Miseria no protest\u00f3. Solo le pregunt\u00f3 si pod\u00eda pedir una \u00faltima voluntad. La sombra permaneci\u00f3 en silencio. La anciana le dijo que le gustar\u00eda llevarse algunas peras para alimentarse en su camino hacia el otro mundo. Como estaban en lo m\u00e1s alto del \u00e1rbol, le pidi\u00f3 a la Muerte que se las cogiera. Y all\u00ed, qued\u00f3 la siniestra, sorprendida y enga\u00f1ada sombra, atrapada entre las ramas del peral mientras la vieja sigui\u00f3 haciendo su vida cotidiana.<\/p>\n<p>Y as\u00ed fueron pasando los d\u00edas, las semanas y los a\u00f1os, muchos a\u00f1os. Con la muerte atrapada en el peral, nadie se mor\u00eda. Los viejos se hac\u00eda m\u00e1s viejos, pero ninguno mor\u00eda al no recibir la mortal visita. No se mor\u00eda la gente ni en las guerras, ya que quedaban malheridos, pero sin morir. Hab\u00eda muchos enfermos, algunos en fase terminal, que ped\u00edan a los doctores que los mataran, pero todo era in\u00fatil. La desesperaci\u00f3n era muy grande y much\u00edsima gente odiaba la vida y trataba de deshacerse de ella, pero siempre sin \u00e9xito. Todos se preguntaban d\u00f3nde estaba la Muerte y todos se pusieron a buscarla.<\/p>\n<p>Fue entonces cuando la t\u00eda Miseria cay\u00f3 enferma y un m\u00e9dico del pueblo acudi\u00f3 a su choza a examinarla. Cuando lleg\u00f3, vio que alguien estaba atrapado en el peral. El m\u00e9dico, reconociendo a la Muerte, intent\u00f3 subirse al peral para liberarla, pero solo consigui\u00f3 quedar tambi\u00e9n \u00e9l atrapado. Y as\u00ed quedaron ambos d\u00eda y noche, mientras la vieja volv\u00eda a sus quehaceres diarios, ya repuesta de su enfermedad. Mientras, los familiares del m\u00e9dico, alarmados porque este no hab\u00eda vuelto, fueron hasta la casa de Miseria. All\u00ed le encontraron, en lo alto de \u00e1rbol junto a aquel extra\u00f1o personaje. Cuando supieron lo ocurrido, cogieron unas hachas e intentaron derribar el peral. Entonces, la t\u00eda Miseria sali\u00f3 de la casa y les orden\u00f3 que se detuvieran.<\/p>\n<p>Todos le dijeron que era preciso liberar al m\u00e9dico y, por encima de todo, a la Muerte, para acabar con el sufrimiento eterno de los enfermos. Entonces ella les dijo que soltar\u00eda a la Muerte con una condici\u00f3n: que esta no fuera a buscarla hasta que ella misma no la llamara tres veces. Todos estuvieron de acuerdo, incluida la muerte, que hizo un gesto de asentimiento. A su se\u00f1al, la Muerte y el m\u00e9dico quedaron libres por fin. La Muerte, apenas se vio libre, empez\u00f3 a segar vidas con su guada\u00f1a y la gente empez\u00f3 de nuevo a morir. Y as\u00ed la vida, y la muerte, volvieron a su estado normal. Mientras tanto, la t\u00eda Miseria sigui\u00f3 viviendo en su choza con su peral, pidiendo limosna y vendiendo sus peras. Pasaron muchos a\u00f1os, much\u00edsimos, y ya nadie se acord\u00f3 de la vieja. Un d\u00eda, todos advirtieron que hab\u00eda desaparecido de su casa misteriosamente. Nadie sabe desde entonces su paradero. Seg\u00fan unos, cansada de vivir, pidi\u00f3 a la Muerte que fuera a llev\u00e1rsela; seg\u00fan otros, ella misma sali\u00f3 a buscarla all\u00e1 donde se encontrase para irse con ella al otro mundo. Sin embargo, todo parece hacer pensar que ella sigue con vida porque la Miseria sigue existiendo en el mundo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Si hoy la se\u00f1orita te ha pedido los deberes, t\u00fa le has dado una excusa y ella te contesta: \u201cTienes m\u00e1s cuento que Calleja\u201d, me temo que te has pasado con los pretextos y ya no te cree. Pero \u00bfsabes de d\u00f3nde viene esta expresi\u00f3n? 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